
Dicen, que no hay nada más hermoso que el amanecer después de una noche pintada con estrellas, hablan que no hay nada más profundo y bello que el azul del cielo. Siento en mis manos la firmeza de esta tierra indomable, miro hacia el horizonte y me reflejo en la extensión de sus ríos, en el secreto de la selva, de Canaima y en la fuerza de sus montañas. Son las diferentes gamas y tornasoles que resguardan celosamente sus playas, sus ríos, que junto a la isla de margarita, las islas de aves y de la tortuga, y el archipiélago de los roques, forman joyas dignas en la inmensidad del mar Caribe.
Creo profundamente en la majestad del Pico Bolívar y en la grandeza de

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